10.18601/01245996.v19n37.17

IN MEMORIAM ANTONI DOMENÈCH FIGUERAS (1952-2017)

Alberto Castrillón*

En todas las épocas, quien no tiene medios propios de vida tiene
que pedir permiso a otros para vivir, y por eso no es libre.
Libertad es no tener que pedir permiso a otro para sobrevivir.

Antoni Domènech (2009)1

* Maestría en Desarrollo Económico, profesor de la Universidad Externado de Colombia, Bogotá, Colombia, [jracastrillon@yahoo.com].

Fecha de recepción: 19-09-2017, fecha de aceptación: 22-09-2017.

Sugerencia de citación: Castrillón, A. (2017). In memoriam Antoni Domenèch Figueras (1952-2017), Revista de Economía Institucional 19(37), 333-336. DOI: https://doi.org/10.18601/01245996.v19n37.17


El pasado 17 de septiembre, a los 64 años, murió en Barcelona el filósofo español Antoni Domènech Figueras, lo que significa una gran pérdida para el mundo académico de habla hispana. Catedrático de Filosofía Moral y Política en la Facultad de Económicas de la Universidad de Barcelona y editor general de la revista Sin Permiso. Profesor visitante en numerosas universidades europeas y latinoamericanas -entre ellas universidades colombianas como el Externado, la Nacional y los Andes-, Toni, como lo llamaban sus amigos, era uno de los autores más reconocidos en la filosofía política española y europea. Aunque en las últimas décadas se definió como un "socialista sin partido", muy joven militó en la resistencia contra la dictadura franquista como miembro del PCE-PSUC, en la clandestinidad.

Fue discípulo de Manuel Sacristán (1925-1985), uno de los más connotados filósofos españoles de su generación. Recibió influencias del filósofo Ernst Tugendhat, del historiador de la filosofía Wolfgang Harich, del helenista y romanista Miguel Candel y del epistemólogo Jesús Mosterín.

En 1989 publicó su tesis doctoral De la ética a la política. De la razón erótica a la razón inerte, una interpretación crítica de la filosofía práctica moderna. En 2004 apareció El eclipse de la fraternidad. Una revisión republicana de la tradición socialista, un estudio -que se remonta a la Antigüedad clásica- de la fraternidad, el valor olvidado o "eclipsado" de la triada revolucionaria francesa (igualdad, libertad y fraternidad). Mucho se ha escrito sobre la libertad y mucho también sobre la igualdad, pero muy poco sobre la fraternidad. La clave de este libro es el republicanismo, bajo cuyo lente se revisa la tradición socialista o, si se quiere, como dijo uno de sus críticos, "una revisión socialista de la tradición republicana".

Sin Permiso es un proyecto editorial encomiable: reúne un grupo de intelectuales, derrotados políticamente decía Toni, de generaciones y continentes distintos, que desde Barcelona, Buenos Aires y México han publicado en formato digital más de 10.200 artículos. María Julia Bertomeu, esposa de Toni, y Abel Suárez desde Buenos Aires, Daniel Raventós desde Barcelona y Gustavo Gilly desde México son algunos miembros del Consejo Editorial de la publicación. Asidua colaboradora de la revista, Rossana Rossanda, miembro de la resistencia partisana y editora de Il Manifesto, entró a formar parte del Consejo Editorial de Sin Permiso en 2008. Los inscritos, gratuitamente -en el portal de la revista-, se cuentan por decenas de miles.

Además de su trabajo como editor de Sin Permiso durante más de una década, tradujo en magnífica prosa y pulido estilo a diversos autores: John Rawls, Robert Nozick, Jon Elster, John Roemer, Philippe van Parijs, Edward P. Thompson, para solo mencionar algunos. Toni conocía de primera mano a los autores con los cuales debatía o contra quienes argumentaba. Cuando era estudiante trabajó como traductor para Juan Grijalbo, exiliado español fundador de la editorial Grijalbo en México, con representación en Barcelona. Toni recordaba que el señor Grijalbo le pagó lo que entonces se le antojaba "un pastón", la expresión coloquial española para referirse a una gran cantidad de dinero.

La erudición de Toni, que no solo se reflejaba en sus escritos sino también en su conversación, era abrumadora. En una tarde podían desfilar, con precisión textual, los clásicos griegos y latinos, la patrística cristiana, los teólogos y escritores medievales, Cervantes y el Siglo de Oro español, Maquiavelo, los ilustrados escoceses, franceses e ingleses, Marx y Engels, Kant, los socialistas de los siglos XIX y XX, Unamuno, Ortega y Gasset, Keynes, Hanna Arendt, Heidegger y Schmitt, Rawls, Nozick, Habermas, Chomsky. Fueron sus temas preferidos el republicanismo, el socialismo, el feminismo y la filosofía de la ciencia. De sus viajes y estancias en Buenos Aires y México le quedó un inmenso conocimiento de autores latinoamericanos. Me consta que leyó con atención la crítica ultramontana de Miguel Antonio Caro al padre del utilitarismo, Jeremy Bentham. Y tenía interés por la historia de las luchas populares, de los campesinos y obreros en América Latina.

Con sólidas bases de la tradición ilustrada, le irritaban los autores posmodernos y la falta de cultura histórica, política y filosófica de la izquierda de nuestros días. A ciertos autores -como Slavoj Žižek y Antonio Negri, de quienes el historiador Tony Judt dijo que eran "famosos" así como Paris Hilton era famosa… por ser famosa- Toni los presentaba por lo que son: reyes en paños menores o, mejor, desnudos. También a Vattimo, Deleuze, Lyotard, Derrida, Lacan, Agamben y otros personajes dignos de una comedia de Molière. A todos ellos los hermanaba con pensadores inclinados al nazismo -Martin Heidegger y Carl Schmitt- que las capillas posmodernas hoy citan con desmesura.

Toni era crítico implacable de la falta de cultura política de la izquierda actual, que se apropió la crítica infundada de Adorno, Horkheimer y Arendt a la herencia de la Ilustración y la entregó al neoliberalismo para que la hiciera añicos. Crítico lúcido y acerbo de la ideología liberal, lo fue también, con rigor, del estalinismo, que traicionó y saboteó criminalmente una de las experiencias históricas que Domènech más veneraba: la Segunda República Española. Para él, los sedicientes socialdemócratas -Felipe González, Anthony Blair, Gerhard Schröder y Strauss-Kahn- solo eran gentes "incapaces de ver más allá de la luz glauca proyectada por la oportunidad inmediata del negocio fraudulento". A políticos de derecha como Rodrigo Rato, José María Aznar o Mario Draghi les iba peor. Sentía especial aprecio por liberales de la talla de Franklin D. Roosevelt, Winston Churchill y Clemente Attlee, a cuyo lado los personajes anteriores le parecían pigmeos políticos y morales.

Para el socialista sin partido era inaudita e intolerable la armonía entre supuestos intelectuales de izquierda y representantes de la banca y el poder. Los intelectuales de antaño son los mandarines de hoy. La izquierda renunció, hacia finales de los años sesenta, a su patrimonio moral e intelectual: el mundo obrero, la crítica de los mercados financieros, el estudio de la demanda efectiva, la reflexión sobre los sindicatos, la democracia y las estructuras de poder, etc. ¿Cuál es hoy el papel de los intelectuales de izquierdas? Ser caballeretes, semejantes a Tartarín de Tarascón, el personaje de Daudet, que "se lo pasan muy bien y cobran sueldos en universidades norteamericanas por deconstruir al colega, por hablar de la identidad, de si alguien es un poco homosexual y un poco heterosexual, un poco árabe y un poco judío". Para Toni tales preocupaciones nada tenían que ver con la política, al menos con lo que se entendía por política desde Aristóteles.

El ideal moral de la antigüedad -la racionalidad erótica, como lo llamó el filósofo Antoni Domènech- fue uno de sus referentes básicos. Toni era un hombre virtuoso, porque para él la razón era la urdimbre que no solo criba los buenos argumentos sino también las elecciones morales. Era una delicia escucharle porqué el jamón serrano de la Sierra de Aracena, de cerdos criados en la dehesa y alimentados con bellotas, es el mejor del mundo, o historias del fútbol como la del fusilamiento de Josep Suñol, presidente del Fútbol Club Barcelona, por los sublevados franquistas cuando llevaba una pesetas a las tropas republicanas.

Tony fue un hombre bueno, amaba el vino, era excelente cocinero y muy generoso con sus saberes y con su tiempo. Sus amigos, discípulos y conocidos lo echaremos de menos.


NOTA

1 Entrevista concedida al diario El Tiempo, 14 de junio de 2009.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Domènech, A. (1989). De la ética a la política. De la razón erótica a la razón inerte. Barcelona: Grijalbo.

2. Domènech, A. (2004). El eclipse de la fraternidad. Una revisión republicana de la tradición socialista. Barcelona: Crítica.

3. Sin Permiso. Revista electrónica, [www.sinpermiso.info].

4. Judt, T. (2011). El refugio de la memoria. Madrid: Taurus.