10.18601/01245996.v21n41.10

PERCEPCIÓN DE LA CORRUPCIÓN Y COMPORTAMIENTO ELECTORAL EN CULIACÁN*

Perception of corruption and voting behavior in Culiacan

Percepção da corrupção e comportamento eleitoral em Culiacán

Irvin Mikhail Soto Zazuetaa

* DOI: https://doi.org/10.18601/01245996.v21n41.10. Recepción: 26-07-2017, modificación final: 01-04-2019, aceptación: 14-05-2019.

Sugerencia de citación: Soto Z., I. M. (2019). Percepción de la corrupción y comportamiento electoral en Culiacán. Revista de Economía Institucional, 21(41), 235-258.

a Doctor en Ciencias Económicas y Administrativas. Coordinador de Investigación, Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Universidad Autónoma de Sinaloa, México, [Irvin.soto@uas.edu.mx], [https://orcid.org/0000-0003-2404-4027].


Resumen

Después de varias décadas de escasa información sobre la relación entre corrupción y participación electoral, hay una creciente atención a este tema. Diversas hipótesis intentan de explicar este fenómeno, entre ellas que la corrupción es un agente movilizador y, la contraria, que lleva a la abstención. Este artículo analiza el papel de la corrupción en la participación electoral en el municipio de Culiacán, con información recogida mediante una encuesta sobre cultura política y comportamiento electoral. Los resultados sugieren que la probabilidad de votar tiene una relación negativa con el grado de percepción de la corrupción.

Palabras clave: participación electoral, corrupción, elecciones, comportamiento electoral, instituciones políticas; JEL: D72, D73, K42.


Abstract

After several decades with scarce information about the relationship between corruption and electoral participation, recently some literature has emerged on this subject. There are several hypotheses that try to explain this phenomenon; one of them considers corruption as a mobilizing agent and another one as a paralyzing agent in electoral activities. In this paper, we study the role played by corruption over electoral participation in the municipality of Culiacán, with information obtained through a survey on political culture and electoral behavior. The statistical results suggest that the probability of voting is negatively related to higher levels of perceived corruption.

Keywords: Electoral participation, corruption, elections, electoral behavior, political institutions; JEL: D72, D73, K42.


Resumo

Após várias décadas de escassa informação sobre a relação entre corrupção e participação eleitoral, há uma crescente atenção a essa questão. Várias hipóteses tentam explicar esse fenômeno, incluindo que a corrupção é um agente mobilizador e o oposto, que leva à abstenção. Este artigo analisa o papel da corrupção na participação eleitoral no município de Culiacán (México), com informações coletadas por meio de uma pesquisa sobre cultura política e comportamento eleitoral. Os resultados sugerem que a probabilidade de votar tem uma relação negativa com o grau de percepção da corrupção.

Palavras-chaves: participação eleitoral, corrupção, eleições, comportamento eleitoral, instituições políticas; JEL: D72, D73, K42.


En las últimas décadas han surgido y se han consolidado democracias en varios países. En la democracia, las elecciones deberían ser un medio para que los ciudadanos castiguen a los políticos deshonestos, no votando por ellos, y depongan a los gobernantes corruptos (Costas, 2014). Es paradójico entonces que las tasas de participación hayan disminuido en las últimas décadas, tanto en democracias consolidadas como en democracias recientes, y que las elecciones sean un asunto menor para la ciudadanía (Oñate, 2010).

La baja participación electoral ha llamado la atención de los académicos por su relación con la legitimidad y la solidez de la democracia. La mayoría de los trabajos se centra en los determinantes del voto. Desde que se propuso el modelo del votante racional (Downs, 1957), algunos autores han identificado una serie de factores que motivan o disuaden a los votantes para asistir a las urnas.

Dalhberg y Solevid (2016) muestran que los escándalos y la percepción de la corrupción inciden en la participación electoral. Orces (2008) señala que la corrupción es un grave problema de las democracias emergentes que socava la legitimidad del sistema político. Las dificultades de la democracia para resolver problemas estructurales, es decir, el deficiente funcionamiento de la democracia y los altos índices de corrupción y desigualdad social, pueden provocar la decepción por el sistema político y reducir el apoyo ciudadano a las instituciones democráticas (Mishler y Rose, 2001; Anderson y Tverdova, 2003).

Rionda (2002) argumenta que, en México, la corrupción generalizada y creciente es una de las causas del escaso respeto que muestra la sociedad por sus instituciones. La falta de confianza en las instituciones y de transparencia de los políticos puede tener efectos peligrosos en el funcionamiento de la democracia representativa. A este respecto, Corral (2008) plantea que una de las principales preocupaciones de la democracia es la creciente insatisfacción con los partidos políticos, los cuales son necesarios en una democracia porque cumplen funciones esenciales, como agregar y canalizar los intereses de los ciudadanos.

Según Costas (2014), el día de elecciones los ciudadanos pueden reaccionar a la corrupción cambiando su opción de voto o absteniéndose. Así, los escándalos de corrupción pueden modificar la decisión de participación, bien sea movilizando a la gente a acudir a las urnas para castigar a los políticos deshonestos y elegir otros, o desmotivándola por descontento. De modo que el efecto de esos escándalos es más amplio que la simple reducción del porcentaje de votos del partido en el poder.

Diversos estudios registran una tendencia decreciente en la participación en las elecciones federales y locales mexicanas desde 1994. Pese a la gran atención que se ha dado a los efectos negativos de la corrupción, no hay suficiente evidencia para esclarecer el debate sobre su incidencia en la participación electoral, y esta es una tarea pendiente. En el Estado de Sinaloa la participación ha sido inferior a la media nacional en las últimas cuatro elecciones municipales. Esa baja participación es más acentuada en el municipio de Culiacán, el municipio más grande del estado, donde solo participó el 34% en la elección municipal de 2013.

En este trabajo se pregunta ¿cuál es el efecto de la percepción de la corrupción en la participación electoral en México? Para dar una respuesta se hizo un estudio de corte transversal, con datos de una encuesta realizada en la ciudad de Culiacán, capital del Estado de Sinaloa. La hipótesis es que la percepción de la corrupción tiene una relación negativa con la probabilidad de participar en elecciones: cuanto mayor sea dicha percepción menor será la participación electoral. Para comprobarla o refutarla se consideran dos opciones: que la corrupción es un elemento movilizador y que es un elemento paralizador. Los resultados del trabajo confirman nuestra hipótesis en el caso del municipio mencionado: la corrupción afecta en mayor o menor medida la participación según el nivel de gobierno.

La primera sección del artículo revisa la relación teórica entre corrupción y participación, que sirve de base para nuestra hipótesis. La segunda sección describe los determinantes de la participación utilizados en el modelo. La tercera discute la metodología para estimar el impacto de la corrupción. La cuarta muestra la evolución de la participación electoral en los últimos 15 años. En la quinta sección se presentan las fuentes de datos y las estadísticas descriptivas, y en la sexta los resultados del análisis econométrico. Por último se exponen las conclusiones y algunas limitaciones del estudio.

CORRUPCIÓN Y PARTICIPACIÓN ELECTORAL

Se intenta evaluar el impacto de la percepción de la corrupción en la confianza ciudadana en las instituciones políticas y en la participación electoral. La confianza en las instituciones es un indicador del apoyo a las acciones de las autoridades políticas y de sus resultados. La corrupción puede deslegitimar el sistema político y las instituciones de un orden democrático (Rock 2009). Rothstein (2003) y Warren (2004) señalan que el soborno y las prebendas políticas socavan los pilares de la democracia, cuando los derechos constitucionales y la protección de los ciudadanos se convierten en favores.

No obstante, en la literatura teórica y empírica no hay consenso sobre la relación entre corrupción, confianza en las instituciones y participación electoral. Hay dos puntos de vista contradictorios, uno de ellos concibe la corrupción como un elemento movilizador y el otro como un elemento disuasorio o paralizador. El primero de ellos se basa en dos argumentos: la participación aumenta cuando se moviliza a los ciudadanos para que den un voto de apoyo o de castigo. Los partidos políticos pueden ofrecer incentivos selectivos o sobornos y así movilizan partidarios y ganan nuevos votantes (Stockemer, La-Montagne y Scruggs, 2013). Este punto de vista sostiene que se paga a los electores para que participen. Así, en su estudio de un condado de Mississippi, Karahan, Coats y Shugart (2006), encuentran que, allí, donde los candidatos hicieron promesas o favores a intereses particulares, participó un mayor número de personas en las elecciones. Johnston (1983), en su estudio sobre Estados Unidos, encuentra una correlación positiva entre corrupción y participación electoral, y que la participación aumenta cuando la corrupción se desenfrena.

Otros autores, que también perciben la corrupción como elemento movilizador, dan una explicación diferente. Sostienen que los ciudadanos quieren un gobierno limpio y responsable (Bratton et al., 2005). Inman y Andrews (2010), informan que los ciudadanos de Senegal enfrentan la corrupción gubernamental yendo a votar, en vez de tolerar con la apatía los actos corruptos. Encuentran que, independientemente de su filiación y sus antecedentes socioeconómicos, se movilizan contra los funcionarios que juzgan corruptos. Aunque también se argumenta que la participación puede estar asociada a la inclinación partidista. Las personas con fuerte inclinación política tienden a votar para apoyar a sus políticos. El grado de partidismo puede influir en la evaluación de los escándalos de corrupción (Rundquist et al., 1977; Anduiza et al., 2013).

Entre los autores que consideran la corrupción como un elemento disuasorio cabe mencionar a Warren (2004) y Chang y Chu (2006). La corrupción debilita la confianza en los políticos locales y nacionales, genera cinismo y apatía en los votantes y produce una insatisfacción por el desempeño del sistema político (Anderson y Tverdova, 2003) que puede filtrarse hasta las raíces de la democracia -disminuyendo la confianza en las instituciones y sus resultados-, y socavar la legitimidad del Estado democrático (Mishler y Rose, 2001; Pharr y Putnam, 2000; Seligson, 2006). La desafección de los ciudadanos los hace menos propensos a votar (Warren, 2004; Wagner et al., 2009). La corrupción permanente puede llevar a que se desvinculen del sistema electoral (Chong et al., 2011). En los casos más extremos, puede poner en duda la sostenibilidad del sistema democrático (Kostadinova, 2009). McCann y Domínguez (1998), Andersen y Tverdova (2003), Kostadinova (2009), Stockemer et al. (2013) y Dalhber y Solevid (2016) presentan evidencia empírica que confirma esta relación negativa.

Si en el corto plazo, la corrupción puede movilizar a los votantes para cambiar a los gobernantes corruptos, puede disuadirlos si perdura en el tiempo. La persistencia de la corrupción puede afectar de manera diferente la confianza en el sistema político. Los casos de corrupción repetida durante varios años pueden llevar a que los ciudadanos duden de la capacidad de la democracia para mantener políticos responsables (Kostadinova, 2009). Y esa desconfianza lleva a la desafección y al alejamiento de la política, lo que da lugar a la abstención.

Un vacío de la literatura existente es la falta de una estrategia empírica para identificar los efectos de un escándalo, es decir, el aumento de la participación si se moviliza a los votantes o su disminución como resultado del descontento (Costas, 2014). El estudio de Kostadinova sobre los países del Este post-comunista intenta identificar los efectos de movilización directa y descontento indirecto en la participación electoral, aunque solo puede concluir que la percepción de la corrupción puede estar correlacionada con las decisiones de voto.

No obstante, algunos autores argumentan que la movilización y la desafección varían con el grado de afinidad partidista de los candidatos. Chong et al. (2011), con datos de México, muestran que la exposición a información sobre la corrupción no solo reduce el número de votantes sino que también debilita la identificación de los votantes con los candidatos del partido en cuestión. Encuentran que la difusión de información sobre los altos niveles de corrupción tiene un impacto mayor en los votos para un contrincante único que por los candidatos ya conocidos; pero sus datos no les permiten detectar si los votantes con diferente grado de partidismo responden de manera diferente.

Los votantes independientes, que votan de vez en cuando o nunca por el mismo partido, tienden a ser más imparciales que los seguidores de algún partido, y a ser más afectados por los casos de corrupción ocasional (Rundquist et al., 1977; Feddersen y Pesendorfer, 1996; Sobbrio y Navarra, 2010; Stockemer et al., 2013). Así, su descontento puede ser mayor y cabe que se abstengan en las elecciones si hay escándalos de corrupción.

En suma, la información sobre la corrupción puede movilizar a los votantes a que se abstengan de votar por un candidato corrupto en el poder. Los menos informados pueden abstenerse y delegar la decisión a los más informados (Feddersen y Pesendorfer, 1996). Si la corrupción desenfrenada lleva a los votantes a creer que el voto no los beneficia (porque pierden la confianza en los gobiernos o en su capacidad para responder a sus necesidades), no votarán porque los costos serían mayores que los beneficios (Aldrich, 1993). En regímenes autocráticos, Simpser (2004) encuentra que la corrupción electoral tiene una relación negativa con el número de votantes y que la baja participación es una respuesta a su creencia de que las elecciones son fraudulentas. Dalhber y Solevid (2016) también encuentran una relación negativa, pero señalan que el efecto de la percepción de la corrupción es condicional: solo es negativa en países con niveles bajo a medio de corrupción1.

Conforme a esta revisión, en este trabajo consideramos algunos factores políticos, económicos y sociales que pueden aumentar o disminuir la participación electoral de los ciudadanos.

OTROS DETERMINANTES DE LA PARTICIPACIÓN ELECTORAL

Diversos autores muestran que algunos factores individuales y coyunturales condicionan la participación electoral, en México y el mundo entero. Algunos destacan la importancia de los factores sociodemográficos y actitudinales. En este trabajo consideramos los de carácter socioeconómico, sociodemográfico y político.

Factores socioeconómicos

Entre los factores sociológicos se encuentran la edad, el nivel de estudios y el nivel de ingresos. Según Wolfinger y Rosenstone (1980), con la edad los electores ganan experiencia y conocimiento sobre los partidos y el proceso electoral, se integran social y políticamente y refuerzan sus lazos con la comunidad. Según Verba y Nie, se hacen más vulnerables a estímulos movilizadores y, según Anduiza (1999), internalizan ideologías y se sienten más ligados a los partidos políticos.

En cuanto al nivel de estudios, la educación desarrolla habilidades para asimilar conceptos abstractos y comprender los asuntos políticos; además, es uno de los principales medios de trasmisión de los valores y normas sociales. Un mayor nivel de educación reduce los costos asociados al voto (Wolfinger y Rosenstone, 1980). Por su parte, un alto nivel de ingresos permite que el elector dedique tiempo y esfuerzos a la actividad política (ibíd., 1980).

Factores sociodemográficos

Los factores sociodemográficos suelen medirse mediante variables como de estado civil, religión, contactos y redes y tamaño del hábitat. Los trabajos que incluyen el estado civil concluyen que los ciudadanos casados asisten más a las urnas (Barreiro, 2001; Wolfinger y Rosenstone, 1980). Anduiza (1999) comenta que la diferenciación debería ser entre personas que viven o no en pareja, pues vivir solo podría ser un indicador de aislamiento social y un menor intercambio de información. Santana (2008) encuentra que estar casado aumenta la probabilidad de participar en elecciones si el cónyuge tiene preferencias similares o de reducirla si no coinciden.

La religión es importante en los análisis del comportamiento político. La pertenencia a una iglesia da oportunidades para practicar habilidades cívicas y expone a estímulos políticos. En cuanto a los contactos y redes, las personas con redes de contactos más densas saben más de los candidatos, los temas y las oportunidades para participar en elecciones; además están expuestas a normas y presiones que favorecen la participación electoral, pues es más probable que consideren el voto como un deber. Por último en lo referente al tamaño del hábitat, en los entornos urbanos hay más estímulos para la participación electoral (Anduiza y Bosch, 2004). En las zonas rurales hay menor asistencia a las urnas.

Factores políticos

La ideología, la identificación partidista, el interés por la política y el conocimiento político son elementos que reflejan el grado de implicación política. Parece existir una relación positiva entre la capacidad para ubicarse ideológicamente y la capacidad para votar (Justel, 1995; Anduiza, 1999). Montero y Gunther (1998) argumentan que las ideologías facilitan la comprensión de los procesos políticos y la elección entre alternativas. La identificación partidista incentiva el voto convirtiéndolo en un deber cívico. El interés y el conocimiento político son dos formas de medir la participación política (Font y Mateos, 2007). Un mayor conocimiento político reduce los costos de votar y a la vez aumenta la posibilidad de valorar la posible influencia (Anduiza y Bosch, 2004).

Cabe mencionar que además de los factores mencionados, una de las causas de la falta de credibilidad en la democracia, a la que da mayor atención en este trabajo, es en la incidencia de los encádalos de corrupción en que se envuelven los candidatos en la decisión de votar.

METODOLOGÍA

En este trabajo se analizan las relaciones entre confianza en las instituciones, percepción de la corrupción y participación electoral en forma comparativa, estadística y econométrica, que se complementan entre sí. El análisis comparativo muestra las diferencias estatales en la participación en elecciones federales, estatales y municipales. El análisis estadístico caracteriza el comportamiento de los principales indicadores y de sus relaciones. El análisis econométrico evalúa el impacto de la confianza en las instituciones y de la percepción de la corrupción en la probabilidad de participar en elecciones.

El análisis comparativo de la participación electoral se realiza en forma agregada, y muestra la evolución de la participación electoral en el país, así como las diferencias de comportamiento de las entidades federativas y los municipios en elecciones federales, estatales y municipales. En el análisis estadístico se usa información individual obtenida en una encuesta sobre cultura política realizada en Culiacán a personas mayores de 18 años en 2015, a partir de la cual se elaboró una base de datos sobre características económicas, actitudes, valores y cultura política de los sinaloenses y su relación con el grado de satisfacción y apoyo a la democracia. La encuesta se realizó en 892 viviendas e incluyó cuatro subdominios, los distritos electorales del municipio. La población de estos distritos está representada en proporción a su peso relativo, con un nivel de confianza del 95%.

En el análisis estadístico las regresiones se estiman usando el método probit para datos de corte transversal, que identifica la relación entre un estímulo y una respuesta binaria (todo o nada). Casi siempre se prefieren las respuestas cuantitativas, pero en muchas situaciones no son prácticas. En esos casos, solo es posible determinar si se ha producido cierta respuesta, como votar o no. En los modelos con información individual de respuesta dicótoma, la probabilidad de votar es determinada por un conjunto de variables que afectan las decisiones de los individuos.

Se estiman los coeficientes de la regresión y los efectos marginales de cada variable, considerando la heterogeneidad de los distritos electorales, como función de la percepción de la corrupción y de factores sociológicos (FS), sociodemográficos (FSD) y políticos (FP).Debido a las características de las variables, se deben resolver algunos problemas poptenciales para obtener estimadores no sesgados .

La variable dependiente es igual a 1 si los ciudadanos asistieron a las urnas y O en caso contrario. Para probar la hipótesis de que cuanto mayor es la percepción de la corrupción menor es la participación electoral, se usa el siguiente modelo:

En los modelos probit, y es una variable dependiente latente que toma valores iguales a uno si y* > 0, es decir, si el individuo i posee cierta característica o cualidad y 0 en caso costrario, x es un conjunto de variables explicativas estrictamente exógenas, lo que implica que = 0 para todo i . Así mismo se asume que el término de error ε es i.i.d. Reescribiendo las ecuaciones, obtenemos la probabilidad de que ocurra un evento dadas las variables explicativas:

donde G adopta valores entre 0 y 1, o < G(z) < 1, para todos los números reales z, G representa una función de distribución acumulativa normal estandarizada dada por:

Para conocer los efectos de los cambios en las variables explicativas sobre la probabilidad de que ocurra un evento se emplea una derivada parcial denotada como:

El término g(z) corresponde a una función de densidad de probabilidad. Como el modelo probit G(.) es una función de distribución acumulativa estrictamente positiva, g(z) > 0 para toda z, el signo del efecto parcial es el mismo que el de βj. Así, la función de probabilidad que se va a estimar se expresa de la siguiente forma:

donde participación electoral es una variable dummy que toma el valor 1 si las personas fueron a votar y O en caso contrario. La percepción de la corrupción se mide en una escala de 0 a 5; donde 0 indica que no hay corrupción y 5 que la corrupción es total.

La edad, A, es el número de años que tienen las personas. El nivel de estudios o escolaridad, S, es el número de años de estudio. El nivel de ingreso, Y, es la calificación de la situación económica actual. El estado civil, EC es una variable dummy que toma el valor 1 si las personas viven en pareja y 0 en los demás casos; y la religión, R, representa su credo religioso.

ANÁLISIS COMPARATIVO

En los últimos años ha aumentado la preocupación por la legitimidad del sistema político asociada a la desconfianza en las instituciones políticas y a la reducción de la participación electoral, dos tendencias estrechamente relacionadas (Padilla, 2008).

Los trabajos recientes sobre participación electoral muestran que esta no es constante ni se distribuye en forma homogénea entre la población, sino que varía según la clase social, el nivel educativo, la religión, etc.; según el tipo de elecciones, el interés por la política, la identificación partidista, así como de si el voto es obligatorio o no.

La gráfica 1 muestra la participación en las elecciones presidenciales desde 1988 hasta 2015. Desde 1994, cuando fue del 76,1%, tiende a disminuir, hasta llegar al 47,7% en 2015, una reducción de casi 20 puntos que parece obedecer a diversas circunstancias: los escándalos en que se han visto involucrados muchos candidatos, los problemas internos de los partidos, la creciente inseguridad y el bajo o nulo crecimiento económico de los últimos años, entre otras circunstancias que han llevado a la pérdida de credibilidad en las elecciones. Crespo (2006) señala que la población mexicana ha entrado en un periodo de insatisfacción con la democracia y reprueba a los gobiernos por la violencia, la inseguridad, el desempleo, la distribución del ingreso y la corrupción en el Estado.

En Sinaloa, la participación ha sido inferior a la media nacional en los últimos cuatro periodos de elecciones municipales. La menor participación se presentó en 2007, apenas el 47,9%; en 2010 aumentó en casi 10 puntos porcentuales, llegando al 57,8%, y en 2013 volvió a reducirse, hasta el 48,3% (gráfica 2).

La participación electoral en los municipios del Estado en 2007, 2010, 2013 y 2016 fue más o menos homogénea salvo en Ahome y Culiacán. La gráfica 3 muestra que el municipio con mayor participación fue Angostura, con un 72,7% en 2010 y un 69,7% en 2013; otro municipio que registró una alta participación fue Concordia, con un 67,4% en 2010 y un 62,9% en 2013. El municipio con menor asistencia a las urnas fue Mazatlán, con apenas el 50% en 2010 y el 44% en 2013. Cabe hacer una anotación: en 2010 hubo elecciones para gobernador, que fueron algo diferentes porque el candidato del Partido Acción Nacional era un antiguo político del Partido Revolucionario Institucional, y esto movilizó a los ciudadanos que apoyaban al PRI y al PAN para apoyarlo; lo que se reflejó en la alta participación.

En la gráfica llama la atención la fuerte reducción de la participación electoral en Culiacán, del 54% en 2010 al 34% en 2013,20 puntos porcentuales en solo tres años. Otro municipio con una alarmante reducción fue Ahome, del 62,2% en 2010 al 43,7% en 2013. Más adelante se examina a qué se debe la baja participación en Culiacán, el tema principal de este artículo.

BASE DE DATOS Y ANÁLISIS ESTADÍSTICO

En los apartados siguientes se examinan los factores que determinan la participación electoral: sociológicos, sociodemográficos y políticos, así como la incidencia de la corrupción en Culiacán2.

Factores socioeconómicos

Entre los factores socioeconómicos se encuentran la edad y el nivel de estudios. La gráfica 4 muestra la participación electoral según el nivel de educación. En las elecciones para presidente de la República, gobernador y presidente municipal las personas que más votaron son las que tenían un mayor nivel de estudios, de posgrado: el 89%, el 94% y el 88% respectivamente; y las que menos votaron habían cursado secundaria: el 57% de asistencia en elecciones municipales, el 60% en elecciones para gobernador y el 67% en elecciones presidenciales.

La participación de las personas con grado de licenciatura fue del 70% para gobernador, del 60% para presidente municipal y del 80% en las presidenciales, un poco mayor que la de las personas que terminaron preparatoria: el 66% en elecciones para gobernador, el 67% en las municipales y el 76% en las presidenciales. En suma, cuanto mayor es el nivel de estudios mayor es la participación electoral.

En lo que respecta a la edad, en las elecciones municipales de 2013, el grupo que más votó fue el de 63 a 67 años: un 88% (gráfica 5). Y en las elecciones para gobernador y presidente de la República votó el 100%, es decir, todos los adultos de 63 a 67 años encuestados fueron a votar. El grupo que menos votó es el de los jóvenes de 18 a 22 años, apenas el 40% en elecciones para gobernador y el 46% en elecciones municipales. Sin embargo, en elecciones presidenciales votó casi el 60%. En elecciones municipales y presidenciales, la participación de los grupos de 28 a 53 años fue muy similar, entre el 70% y el 80%, en los tres tipos de elecciones, aunque la del grupo de 48 a 52 años se elevó al 88% en las elecciones presidenciales.

Factores sociodemográficos

Los factores sociodemográficos se suelen medir mediante variables como el sexo, el estado civil, la religión y la participación en redes. Los trabajos que incluyen el estado civil encuentran que las personas casadas votan más (Barreiro, 2001; Wolfinger y Rosenstone, 1980). Anduiza (1999) comenta que esta diferencia debería de hacerse entre las personas que viven o no en pareja. Vivir solo sería un indicador del grado de aislamiento social y de un menor intercambio informativo. Santana (2008) sostiene que estar casado aumenta la probabilidad de participar en elecciones si el cónyuge tiene preferencias políticas similares y de reducirlo si no coinciden.

Los resultados obtenidos a partir de la encuesta muestran que las personas que más acudieron a votar en las elecciones son las que respondieron que eran viudas, sin una relación de pareja. En las elecciones para presidente de la República su participación fue del 89% y en las elecciones para gobernador fue del 87% (gráfica 6). Un resultado que parece ir en contra de los pronósticos, es el de las elecciones para presidente municipal, donde la mayor participación fue la de las personas en unión libre, es decir, con una relación de pareja, la cual fue del 80%. Otro resultado de la encuesta, es que las personas que menos votaron eran las solteras y las divorciadas.

Factores políticos

Entre los determinantes de la participación electoral se incluyen factores políticos como la ideología, la identificación partidista, el interés y el conocimiento político, los que a su vez sirven para conocer el grado de implicación política de los electores.

Como ya vimos, parece existir una relación positiva entre la ubicación ideológica y la decisión de votar; y, además, que los vínculos ideológicos facilitan la comprensión del proceso político y la elección entre alternativas. Una ideología bien definida lleva a una mayor asistencia a las urnas. En las elecciones para presidente de la República se constató este comportamiento: los ciudadanos con la ideología política más definida fueron los que más votaron (gráfica 7). Votó el 100% de los que se consideran de izquierda (2), mientras que entre los que se consideran de centro (5) y de ultra-izquierda (1) solo votó el 72%. Entre los que se consideran de centro-izquierda (3) votó el 92% y entre los que se consideran de centro-derecha (7) votó el 90%. Entre los que se consideran de ultra derecha (10), solo votó el 75%.

Este proceder puede obedecer a diversas razones, por ejemplo, que las personas con una ideología bien definida suelen apoyar al candidato del partido político más afín o que quieren algún cambio. Otro elemento importante para emitir un sufragio es el conocimiento político. Los ciudadanos a los que la política no les parece un asunto complicado fueron los que más votaron en las elecciones presidenciales, casi el 80%. Entre aquellos a los que la política les parece muy complicada votó el 79% (gráfica 8), y entre aquellos a los que les parece poco complicada votó el 75%. De modo que esta relación es más compleja, y pueden mediar otros factores, como el interés político, los costos de ir a votar, la percepción de la influencia del voto personal y de la corrupción, la última de las cuales se analiza en el apartado siguiente.

Percepción de la corrupción

Las gráficas siguientes muestran la percepción de la corrupción en el país, el estado y el municipio según los resultados de la encuesta. Entre las personas encuestadas que dijeron que había baja corrupción en el país (2), el 100% votó en los tres tipos de elecciones (gráfica 9).

Entre las que respondieron que en el país no hay corrupción (0), el 65% votó en las tres elecciones; y entre quienes opinan que en el país hay una alta corrupción (3), votó más del 70%, el 85% para presidente de la República, el 79% para gobernador del estado y el 78% para presidente municipal. Los porcentajes son similares entre quienes dicen que la corrupción en el país es muy alta; el 85% en elecciones presidenciales y el 77% en elecciones municipales y para gobernador. La menor participación fue la de personas que creen que la corrupción es total, el 73%, el 70% y el 69% en elecciones presidenciales, para gobernador y municipales respectivamente.

Este comportamiento está asociado a la falta de confianza en las instituciones y a los escándalos de corrupción en los que se ven envueltos los candidatos. La gráfica 10 muestra que las personas que consideran que en el municipio de Culiacán no hay corrupción son las que más votaron, el 100% en las elecciones para presidente y para gobernador. Para presidente municipal solo votó el 65%. Entre las que piensan que en el municipio hay un nivel bajo de corrupción (2), el 87% votó en elecciones presidenciales y para gobernador, y el 78% para presidente municipal, mientras que entre quienes consideran que en el municipio hay alta corrupción (3) votó el 81%, el 69% y el 61% en elecciones para presidente de la República, para gobernador y para presidente municipal respectivamente. La menor participación fue la de las personas que consideran que la corrupción es total (5), el 70%, el 66% y el 62% en ese mismo orden.

Las dos gráficas anteriores muestran que cuando los ciudadanos perciben mayor corrupción asisten en menor proporción a las urnas, es decir, la corrupción se relaciona en forma inversa con la participación electoral: a mayor corrupción menor participación.

Cabe señalar además que entre las personas que piensan que se debe acabar con la corrupción, el 84% votó en elecciones presidenciales, el 75% en elecciones para gobernador y el 78% en elecciones municipales. Entre quienes piensan que es posible acabarla, el 85%, el 80% y el 78% votó en las elecciones de 2012, 2010 y 2013 respectivamente. Mientras que entre quienes consideran que no es posible, apenas el 61% votó para presidente de la República, el 49% para gobernador de Sinaloa y el 50% para presidente municipal (gráfica 11).

ANÁLISIS ECONOMÉTRICO

En esta sección se evalúa y analiza el efecto de la percepción de la corrupción sobre la probabilidad de votar. El efecto se estima con base en tres regresiones del modelo representado por la expresión (3) anterior, donde la variable dependiente es la probabilidad de votar en elecciones presidenciales, estatales y alcaldes. Los resultados y los estadísticos correspondientes se muestran en el cuadro 1. Cabe señalar que los coeficientes de la regresión probit no se pueden interpretar directamente y en el cuadro se muestran los efectos marginales de los valores medios de las variables explicativas. La primera columna muestra los resultados de elecciones presidenciales, la segunda los de gobernadores y la tercera los de presidente municipal.

En general, los coeficientes son consistentes, con el signo esperado a cada nivel de significancia. Uno de los resultados más importantes es la relación positiva entre confianza en las instituciones políticas y probabilidad de votar. Esta relación es significativa para las elecciones de presidente de la República y gobernador, pero no para presidente municipal. El aumento en la confianza en las instituciones políticas aumenta la probabilidad de votar en unos 2,2 puntos porcentuales en las elecciones presidenciales y en 2,5 puntos porcentuales en las elecciones para gobernador.

La corrupción corresponde al ámbito de competencia de cada una de las autoridades. Así, para las elecciones federales se empleó la percepción de la corrupción en el país, la cual muestra una relación negativa y significativa. Este resultado es consistente con la hipótesis inicial, cuanto mayor es la percepción de la corrupción menor es la probabilidad de votar, por cada punto que se incrementa esta percepción la participación electoral se reduce en unos en 5,3 puntos porcentuales, También es consistente con la conclusión de Simpser (2004): cuando los votantes piensan que las elecciones son fraudulentas, la participación es baja.

El efecto negativo de la percepción de la corrupción es mayor en la probabilidad de votar en elecciones para gobernador. El aumento de un punto en la percepción de la corrupción en el estado de Sinaloa reduce la probabilidad de votar en 7,6 puntos porcentuales. Y en el caso de las elecciones para presidente municipal cuando la percepción de corrupción en el municipio aumenta en un 1 punto la participación disminuye en 8,7 puntos porcentuales.

Otra de las variables que se incluyó en el modelo fue la identificación partidista. El único partido político que resultó significativo y positivo en las elecciones municipales fue el PAS (partido local de creación reciente); para las personas que se identifican con este partido, la probabilidad de votar aumenta en 17,4 puntos porcentuales.

La variable de ingresos resultó significativa en las elecciones para presidente de la República, para quienes consideran que su situación económica actual es buena, la participación en elecciones presidenciales aumenta en 0,19 puntos con respecto a los que consideran que es mala. Este comportamiento concuerda con los planteamientos de Wolfinger y Rosenstone (1980): un alto ingreso permite dedicar tiempo y esfuerzos a actividades políticas. Además, estas personas suelen ocupar posiciones sociales donde hay mayor presión para la participación electoral y para que el voto se considere un deber.

Algo similar ocurre con la edad, por cada aumento de 10 años en la edad de los votantes, la probabilidad de que voten aumenta en 0,04 puntos. Este resultado parece confirmar que con la edad ganan experiencia y conocimiento sobre los partidos y el proceso electoral, lo que reduce los costos de ir a votar y les ayuda a valorar su voto. Así como la idea de que con la edad se integran social y políticamente, y se refuerza su identificación con la comunidad. La educación también muestra una relación con la participación; por cada 5 años de educación adicionales, la probabilidad de votar aumenta en 0,065 puntos, lo que algunos autores asocian al desarrollo de habilidades para asimilar conceptos abstractos y comprender asuntos políticos.

El estado civil también resultó significativo y positivo. Las personas que viven en pareja (casados y unión libre) son las que tienen mayor probabilidad de votar, es un 0,1% más probable que voten las personas que viven en pareja que las solteras, viudas o divorciadas. Por su parte, los habitantes de Culiacán que asisten con regularidad a un centro religioso tienen más probabilidades de votar que los que nunca o rara vez van a un centro religioso: 0,08 puntos más.

Los resultados de las elecciones para gobernador muestran efectos marginales similares, todas las variables resultaron significativas y con el signo esperado. En las elecciones para presidente municipal todas las variables tienen el signo esperado, pero las variables socioeconómicas pierden significancia.

CONCLUSIONES

Este trabajo hace un análisis empírico de las principales determinantes de la participación electoral en Culiacán. Parte de reconocer la importancia del comportamiento electoral en la legitimación de los procesos democráticos, y examina las diferencias entre elecciones municipales, estatales y federales para determinar la relación entre índices de percepción de la corrupción y participación electoral.

Con datos de la encuesta realizada en 2015, se estimaron las relaciones con las variables políticas, sociológicas y sociodemográficas que más se utilizan en la literatura. Los resultados confirman algunas regularidades empíricas que encuentran otros trabajos; pero en el caso de Culiacán algunas variables no se comportan de esa manera. Por ejemplo, en elecciones para presidente de la República, el nivel de confianza en las instituciones aumenta la participación electoral. Hay una relación inversa entre percepción de la corrupción en el municipio y participación; cuando los habitante de Culiacán perciben un alto nivel de corrupción en el municipio la asistencia a los comicios municipales se reduce. Así, la percepción de la corrupción en el municipio parece tener un efecto de disuasión mientras que la percepción de la corrupción en el país parece tener un efecto movilizador. Un aporte de este trabajo es que considera la existencia simultánea de ambos efectos y muestra que diferentes niveles de percepción de la corrupción inducen respuestas diferentes de los votantes. Para que los ciudadanos salgan a votar y aumente el nivel de participación es necesario que haya opciones que los hagan sentirse representados y candidatos sin tacha que enfrenten efectivamente la corrupción.


NOTAS

1 Agradezco a un árbitro anónimo por señalarme este punto.
2 Un problema difícil de controlar en las encuestas es que algunas personas pueden mentir acerca de haber votado o no, de modo que la participación electoral resultante puede ser mayor que la registrada efectivamente. No obstante, lo que interesa es su relación con las demás variables.


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