10.18601/16577558.n33.13

Nuevos enfoques en el estudio de las sanciones internacionales

Francisco Daniel Trejos-Mateus*

Reseña de libro

Connolly, R. (2018). Russia's Response to Sanctions. How Western Economic Statecraft is Reshaping Political Economy in Russia. Cambridge, Reino Unido: Cambridge University Press.

* Profesional en gobierno y relaciones internacionales. Asistente de investigación de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia (Colombia). [francisco.trejos@uexternado.edu.co]; [https://orcid.org/0000-0002-8119-8762].

Para citar esta reseña:

Trejos-Mateus, F.D. (2021). Nuevos enfoques en el estudio de las sanciones internacionales [Reseña: Connolly, R. (2018). Russia's Response to Sanctions. How Western Economic Statecraft is Reshaping Political Economy in Russia. Cambridge, Reino Unido: Cambridge University Press]. OASIS, 33, pp. 249-252. DOI: https://doi.org/10.18601/16577558.n33.13

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En Russia's Response to Sanctions el lector se encontrará con la materialización de una rigurosa investigación de tipo monográfico, desarrollada por uno de los investigadores más representativos de los estudios postsoviéticos. Richard Connolly es el director del Centro de Estudios Rusos, Europeos y Euroasiáticos de la Universidad de Birmingham, en Reino Unido. Además del texto aquí reseñado, ha publicado diversos libros y artículos académicos sobre seguridad, integración y la política económica rusa en los sectores energético y militar.

El período de estudio de la investigación va desde 2014 hasta 2017. La preocupación emergió en una coyuntura en la que la guerra del Donbás y la anexión de Crimea aparecían inamovibles, y la economía rusa reanuda su crecimiento, una aparente recuperación tras las sanciones impuestas por occidente.

¿Cuál fue el impacto que tuvieron en la política económica rusa las sanciones de occidente de 2014, después de tres años de haber sido impuestas? ¿Cuál fue la estrategia para hacer frente a las sanciones por parte del gobierno ruso? ¿De qué manera las sanciones y la estrategia para mermar sus efectos cambiaron la estructura de la política económica interna de Rusia y su rol en las relaciones económicas globales? Estas son las preguntas que se abarcan en este libro.

Es así como, para responder a los interrogantes planteados, la tesis sostiene que las sanciones de occidente a tres sectores clave de la economía rusa -energético, de defensa y financiero-, y las medidas implementadas para amortiguar sus efectos, resultaron en una política de sustitución de importaciones, denominada rusificación, y una política de comercio exterior redireccionada al Asia. Por consiguiente, la novedad de la propuesta planteada recae en auscultar las acciones que toman los gobiernos de los Estados que son objetivo de sanciones económicas internacionales, un campo de estudio poco explorado por los internacionalistas.

Luego de hacer un estado del arte de la literatura disponible sobre los motivos, la eficiencia y los impactos de las sanciones como herramienta para lograr cambios en la política interna o exterior de países objetivo, se identificaron tres vacíos metodológicos.

Primero, es importante abordar el marco institucional; es decir, las reglas de juego que regulan la actividad política, más allá del tipo de régimen. La clasificación entre autoritario y no autoritario es descrita como simple. Profundizar en cómo el sistema político es dirigido, ayuda a determinar el alcance y las posibles respuestas de los países objetivo.

Segundo, la estructura socioeconómica, su tipo de jerarquía, el margen de maniobra de grupos económicos y del Estado con respecto a las sanciones y la relación entre estos dos últimos, es crucial para entender quiénes pueden sacar provecho de las sanciones y quiénes resultar afectados. Ello es clave para los Estados sancionadores al momento de fijar los sectores económicos a ser sujetos de restricciones.

Tercero, la integración con la economía global, y el nivel de apertura con el exterior, permite establecer las opciones que tiene la élite gobernante y económica para el redireccionamiento del comercio internacional. No hay que olvidar lo fácil que suele ser sustituir socios comerciales en un mundo globalizado e interdependiente.

Luego del aparato teórico y metodológico, se profundiza en el sistema de la política económica del país. Se sostiene que, a pesar de que para 2014 la economía rusa estaba en el punto más alto de su historia en términos de libertad, competencia e interconexión con el mundo, esta se caracterizaba por un sistema de traspaso de rentas entre el sector minero¬≠ energético y el industrial-manufacturero.

En este sistema la injerencia del Estado es fuerte y notoria. Es ejercida por medio de empresas de propiedad estatal y compartida, y privados cercanos a la élite gobernante. Ello ha tenido como resultado una economía poco productiva y competitiva, un mercado de tipo oligopólico, con altas barreras de entrada y de acceso a financiamiento, baja innovación, inversión pública desigual y una dependencia constante de las vicisitudes del mercado del petróleo y el gas natural.

Existen otros dos sectores con menor participación de mercado. El de servicios, caracterizado por sus debilidades en cuanto el respeto por la propiedad privada; y el bancario, controlado por el Estado.

El siguiente apartado entra a mostrar los objetivos de occidente y su régimen de sanciones. Primero, Estados Unidos, la Unión Europea y, en menor escala, Noruega, Japón y Australia pretendían apoyar al Estado ucraniano, mantener el statu quo geopolítico, demostrar la unidad de occidente, generar daños económicos y detener a Rusia de otros intentos anexionistas.

Segundo, las sanciones estaban encaminadas a individuos, en su mayoría relacionados con la anexión de Crimea, compañías y organizaciones de los sectores energético, de defensa y financiero. Estas consistieron en la prohibición a empresas occidentales de hacer negocios con sus contrapartes rusas, prohibiciones a la inversión y al acceso a capital extranjero y el embargo al comercio de armamento.

La respuesta rusa a las sanciones impuestas se englobó en tres componentes: la securitización de los sectores energéticos, de defensa y financiero; el apoyo a la sustitución de importaciones y a profundizar la relación económica con países no occidentales, en especial en Asia. En consecuencia, la estrategia se enmarcó en tres tácticas: un cambio en la configuración institucional, mayor financiamiento e inyección de capital a sectores clave de la economía y el uso de instrumentos diplomáticos para abrir nuevos mercados en lo internacional.

Se concluye que, luego de un detallado análisis, los tres sectores pasaron por un proceso de adaptación que logró amortiguar el impacto de las sanciones. No se desconocen las consecuencias de un primer momento. Hubo impactos negativos en la producción de gas y petróleo, resultado de un menor acceso a maquinaría sofisticada para la exploración y extracción en el Ártico. Se detuvo la producción de barcos de guerra de gran envergadura. Algunos bancos se vieron afectados por un menor acceso a capital extranjero. Sin embargo, lo cierto es que los indicadores muestran una menor vulnerabilidad como resultado del aumento en la producción de bienes antes importados y nuevos lazos con socios no tradicionales de Asia.

Para terminar, se señalan a continuación cuatro reflexiones de la lectura de Russia's Response to Sanctions.

La primera, es de destacar que, más allá de un paso a paso para la investigación en retrospectiva, la lectura da claves a los responsables de la política exterior para lograr que las sanciones económicas sean efectivas; es decir, que vayan más allá de generar impacto. Así, pues, la metodología propuesta aparece como la contribución más importante de la obra.

La segunda, es que la multicausalidad es una variable clave de su estudio. Para demostrar cada uno de sus argumentos, el autor usó fuentes primarias, secundarias, tanto en inglés como en ruso, datos, correlaciones, entre otros. Ello queda en evidencia cuando profundiza en cada uno de los tres sectores. En efecto, su estructura pasa por describir su evolución hasta 2014, para luego detallar las sanciones impuestas y las medidas empleadas para amortiguarlas, para terminar con la medición del impacto generado.

La tercera reflexión tiene que ver con los resultados que devienen de sanciones como herramienta de política exterior. El caso ruso evidencia que su aplicación puede generar consecuencias no anticipadas, diferentes a los objetivos planteados. No hay que olvidar que el giro hacia Asia resultó en la aparición de nuevas organizaciones internacionales, como la Unión Económica Euroasiática y el Banco de Desarrollo de los BRICS.

De ahí que nuevas configuraciones geopolíticas emerjan. El riesgo está en los corolarios de las alianzas entre regímenes autoritarios. En lo interior, es de tener presente que sus enfoques colectivistas siempre van en detrimento de libertades individuales y económicas, por lo que las oportunidades de progreso se menoscaban. En lo exterior, el cambio se hace menos probable, mientras que su comportamiento no cooperativo, incluso agresivo, está en ascenso. Luego, la incertidumbre abre la disyuntiva entre actuar y no actuar.

Por último, se destaca que para ser efectivas las sanciones, ellas requieren de la participación consensuada de todos los actores del sistema internacional, algo difícil de lograr. El libro demuestra, por ejemplo, como empresas del sector energético de la Unión Europea y Japón no tuvieron ningún problema en seguir negociando con sus socios rusos. En un mundo cada vez más polarizado y menos coordinado, esta herramienta de política exterior se hace cada vez más superflua.

En suma, Russia's Response to Sanctions abre el camino para explorar, entender, describir e interpretar el éxito o el fracaso de las sanciones económicas internacionales y, con el énfasis dado al caso ruso, determinar bajo qué circunstancias terminan siendo ineficientes.