10.18601/16578651.n32.11

J.-W. Müller (2021). Democracy rules. Farrer, Straus, and Giroux, Macmillan, 256 p.

Nicolas Alexander Beckmann*

*Ph. D. in International Relations, Florida International University. Profesor asistente de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Pontificia Bolivariana, Medellín (Colombia). Miembro del Grupo de Investigación en Estudios Políticos (categoría A). Líder del proyecto de investigación "Desafíos globales". [nicolas.beckmann@upb.edu.co]; [https://orcid.org/0000-0001-6969-4213].

Recibido: 22 de junio de 2022 / Aceptado: 29 de junio de 2022

Para citar esta reseña: Beckmann, N. A. (2022). Reseña del libro: Müller, J.W. (2021). Democracy rules. Farrar, Straus y Giroux, Macmillan. Opera, 32, pp. 211-215. DOI: https://doi.org/10.18601/16578651.n32.11


Los recientes golpes a la democracia liberal por parte de líderes populistas como Bolsonaro, Chávez, Erdogan, Modi, Morales, Orban y Trump han inspirado una serie de nuevos análisis, evaluaciones y comparaciones de algunos de los autores más reconocidos de las ciencias políticas entre quienes se encuentran Acemoglu y Robinson (2019), Fukuyama (2022) y Levitsky y Ziblatt (2018). Sin duda, Jan-Werner Müller, profesor de Ciencia Política de Princeton, representa una de las voces más influyentes en las discusiones relacionadas con la democracia, el populismo y la libertad. En su libro What is populism, Müller (2016) propone una definición clara e innovadora del fenómeno del populismo. Según él, más allá del antielitismo inherente al populismo, los populistas también son antipluralistas. Es decir, los líderes populistas reclaman que ellos son los únicos representantes legítimos de su pueblo. En este sentido, el populismo tiene una fuerte dimensión moral que se expresa en discursos y decisiones políticas. En campañas electorales, los populistas retratan a sus competidores como parte de una élite inmoral y corrupta. Una vez elegidos, se niegan a reconocer cualquier oposición como legítima (p. 3). Además, los gobiernos populistas tienden a cooptar o secuestrar el aparato del Estado, establecer redes corruptas y clientelistas masivas y buscan suprimir la sociedad civil (p. 4). Es por estas tendencias que -si bien los populistas buscan legitimidad a través de elecciones y la movilización de sus seguidores- la calidad de la vida democrática sufre, ya que los sistemas democráticos dependen de la pluralidad, la diversidad y la libre competencia de ideas. Cuando una fuerza política con amplio apoyo deslegitima a otros actores políticos y sus propuestas, tienden a generarse dinámicas de polarización difíciles de superar.

La definición del populismo de Müller también es el punto de partida para su libro más reciente, Democracy rules (2021), el cual se analiza en la presente reseña. Como indica el título ("Reglas de la democracia"), el objetivo de este texto es desarrollar propuestas y herramientas para proteger la democracia contra fuerzas que se oponen a su espíritu. Este esfuerzo merece una valoración cuidadosa, ya que, si bien en su mayoría las reflexiones sobre la democracia logran identificar problemas, desafíos, tendencias y peligros, muchas veces se quedan cortas en el desarrollo de soluciones para revertir estas dinámicas. No obstante, las propuestas de Müller tienen serias limitaciones.

Principalmente, sus sugerencias se concentran casi exclusivamente en cómo oponerse a las fuerzas populistas y no a los desafíos estructurales de las democracias del siglo XXI. En el primer capítulo, Müller narra que a nivel global las democracias sufren de una doble secesión que genera las condiciones para el éxito de fuerzas populistas y antidemocráticas. La primera secesión es la de los sectores sociales más ricos, que desarrollan sus vidas literal y simbólicamente en esferas separadas del resto de la sociedad. En la práctica, esto significa que viven en vecindarios separados, que se casan y se relacionan casi exclusivamente con otros miembros de sus círculos sociales, y que no tienen mucho contacto con otras realidades. Políticamente, utilizan su poder económico para que las leyes, normas y reglas de nuestras sociedades correspondan a sus intereses (por ejemplo, con respecto a las políticas fiscales, laborales, etc.). En este sentido, según Müller, incluso en los países más industrializados ya no hay un contrato social o un sentido de comunidad entre las diferentes clases sociales. La segunda secesión es que grandes partes de las clases bajas han dejado de participar en procesos cívicos (elecciones, activismo político, etc.) porque sienten que los partidos y el gobierno no representan sus intereses. En su conjunto, estas dos condiciones generan el contexto para el éxito de fuerzas populistas tanto de izquierda como de derecha.

Entonces, ¿qué nos propone Müller a lo largo de los cinco capítulos para revertir los peligros que actualmente enfrenta la democracia? En primer lugar, según él, es clave que las principales fuerzan políticas se comprometan con tres principios básicos de la democracia: libertad, igualdad (ante la ley) e incertidumbre (en el sentido de que la composición del gobierno puede cambiar con cada elección). En el marco de estos tres principios, distintos actores políticos pueden competir, sin necesariamente cuestionar la legitimidad de los demás. La democracia, entonces, requiere un compromiso con el pluralismo por parte de las principales fuerzas políticas.

En segundo lugar, Müller plantea que las democracias dependen de una infraestructura crítica. Es decir, para mediar los diversos intereses, posiciones, discursos y propuestas de una sociedad, una democracia necesita unos poderes intermediarios (intermediary powers): los partidos políticos y medios de comunicación profesionales y transparentes. Similar a la literatura especializada, Müller asume que los partidos son clave para agregar y representar los intereses, valores e ideas de diferentes sectores sociales y para estructurar los conflictos políticos. El papel de los medios es ofrecer un espacio estructurado en el cual los actores políticos puedan expresar y difundir sus puntos de vista y, al mismo tiempo, presentar información viable a los ciudadanos. Para cumplir con este papel, los medios no necesitan ser neutrales y objetivos. Es más importante que sean transparentes con respecto a sus compromisos ideológicos y políticos y que, además, no difundan información falsa. Por otra parte, para ejercer su rol de poderes intermediarios, ni los partidos ni los medios de comunicación pueden ser meras herramientas de las élites e intereses particulares. Por el contrario, el acceso a estas instituciones debe ser fácil y estar garantizado por una serie de regulaciones y salvaguardias. Por ejemplo, los procesos de toma de decisiones de grandes organizaciones mediáticas y partidos políticos tienen que ser claros y accesibles para cualquier persona. Además, Müller propone la elección de representantes de ciudadanos, con o sin afiliación partidaria, con el fin de debatir y establecer reglas claras para el funcionamiento de la infraestructura crítica. Es decir, el control sobre la infraestructura crítica debe estar en manos de los ciudadanos.

En tercer lugar, el autor defiende la idea de una democracia militante o combativa, o sea, una democracia con amplios poderes y deberes de defenderse frente a las fuerzas populistas y antipluralistas, especialmente aquellas que utilizan las reglas, los derechos y las garantías de la democracia, como las elecciones, la libertad de expresión y la financiación de partidos, en su contra. En este sentido, según Müller, "las asociaciones políticas que sistemáticamente, como una cuestión de movilización política, niegan la posición de otros miembros de la política como libres e iguales son candidatas para la prohibición" (p. 167). De todas formas, la prohibición de partidos es complicada, ya que, como reconoce el autor, hoy en día los partidos antidemocráticos normalmente no se declaran como tales abiertamente. De todos modos, las fuerzas populistas tienden a mostrar un patrón consistente de tratar de socavar las reglas de juego, lo cual justificaría, según Müller, una respuesta contundente por parte del Estado. Esto hace necesario el fortalecimiento de las instituciones estatales como las cortes, comisiones electorales y la burocracia para poder detectar amenazas antidemocráticas a tiempo. En contextos políticos polarizados, Müller recomienda el uso de represalias, o un juego de "bola duro", por parte de los partidos comprometidos con la democracia. El quid del asunto está en que las represalias siempre deben ser justificadas con base en principios democráticos. En el contexto estadounidense, una posible medida del partido demócrata en contra de los esfuerzos del partido republicano de restringir el acceso a la votación por parte de minorías puede ser reconocer a Puerto Rico como un Estado propio -con su propio peso en el colegio electoral-. Si bien los votantes de Puerto Rico, en el corto plazo, probablemente votarían mayoritariamente por el partido demócrata, no es una medida antidemocrática, ya que el partido republicado también puede competir por sus votos.

Por último, el autor defiende la desobediencia civil, es decir, la consciente violación de normas, siempre y cuando una norma genere serias injusticias. No obstante, no cualquier acto de desobediencia es legítimo. No se justifica la desobediencia, por ejemplo, por el solo hecho de no estar de acuerdo con una ley, sino solo cuando el proceso político para aprobar la ley ha sido distorsionado hasta tal punto que se hace imposible revertir esta ley de forma democrática. Además, la desobediencia siempre debe dirigirse directamente contra las personas involucradas en prácticas injustas, comunicar la injusticia real o el defecto en el proceso democrático y defender la participación de todos los ciudadanos en el proceso democrático.

En su conjunto, los insumos de Müller subrayan su madurez e importancia como uno de los principales pensadores sobre la democracia y el populismo. Con todo, muchos de sus argumentos merecen más desarrollo. Se trata de un texto muy amplio y general, que incorpora numerosos ejemplos y experiencias, lo cual lo convierte en una lectura enriquecedora, especialmente para una audiencia no especializada. Sin embargo, la ausencia de un estudio sistemático sobre intentos exitosos y fallidos de defender la democracia o experiencias válidas o no válidas de la desobediencia civil disminuyen el peso de los argumentos.

Por otra parte, el libro ofrece pocas respuestas sobre cómo revertir las causas subyacentes del declive democrático mencionadas por el autor, como son las dos secesiones destacadas al inicio y el aumento de la desigualdad. Si bien Müller plantea que vale la pena incentivar económicamente la participación en procesos democráticos y cívicos, tales incentivos no necesariamente aumentarían la identificación con el proceso y actores democráticos. Esto implica que una discusión sobre cómo defender la democracia tiene que darse de la mano con debates sobre justicia, desigualdad y modelos económicos (Dávila, 2021; Sculos, 2022).

La última inquietud frente al texto consiste en un posible sesgo occidental o primer-mundista. Hay que reconocer que el autor emplea ejemplos de diversos países como, por ejemplo, Brasil, India, Turquía y Venezuela. No obstante, muchas de las propuestas parecen estar pensadas para países con largas tradiciones democráticas y amplios recursos estatales. Por ejemplo, incentivar económicamente la participación de los ciudadanos en procesos cívicos será muy difícil de justificar en países con poblaciones vulnerables cuyas necesidades básicas no están satisfechas. Además, las dificultades que enfrentan los países con regímenes más o menos democráticos son muy diferentes y varían según las características particulares de cada uno. En Colombia, por ejemplo, puede ser más urgente pensar en cómo frenar el clientelismo, la compra de votos y los homicidios de líderes sociales, mientras que en Turquía preocupan la prohibición arbitraria de partidos políticos y las intervenciones del Ejecutivo en diversas instituciones estatales. Esto hace necesario un análisis y propuesta de soluciones más contextuales que las desarrolladas por Müller en su nuevo texto.

A pesar de estas limitaciones, Democracy rules constituye una importante referencia y punto de partida para una discusión necesaria. Proteger la democracia liberal es uno de los principales retos del mundo contemporáneo, por lo menos para aquellos que creen que esta forma de gobierno constituye la mejor alternativa para garantizar las libertades y mejorar los complejos desafíos de nuestra época. Los bocetos que nos presenta Müller animan a profundizarlos y a seguir reflexionando sobre nuevas y diversas formas de fortalecer la democracia liberal.


REFERENCIAS

Acemoglu, D. y Robinson, J. A. (2019. The narrow corridor: States, societies, and the fate of liberty. Penguin Books.

Dávila, J. A. (2021). Cuestiones de justicia global. Tirant lo Blanch.

Fukuyama, F. (2022). Liberalism and its discontents. Farrer, Straus and Giraux.

Levitsky, S. y Zieblatt, D. (2018). How democracies die. Crown.

Müller, J.-W. (2016). What is populism? University of Pennsylvania Press.

Sculos, B. W. (2022). The dialectics of global justice. From liberal to postcapitalist cosmopolitanism. SUNY Press.