Buena fe subjetiva y buena fe objetiva. Equívocos a los que conduce la falta de claridad en la distinción de tales conceptos

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Autores

Martha Lucía Neme Villarreal

Resumen

El presente escrito tiene por objeto dejar en evidencia la confusión que en cierto sector de la jurisprudencia colombiana existe entre el concepto de buena fe objetiva y el concepto de buena fe subjetiva, que ha trascendido, por demás, a una parte de la doctrina y la legislación (C. Co., art. 863), pero, sobre todo, busca advertir sobre los graves equívocos a los que dicha confusión conduce, entre los que se cuentan: asumir que la buena objetiva comprende tanto una buena fe exenta de culpa como una buena fe en la que la diligencia no resulta exigible; pretender que la regla que prohíbe el ir contra los actos propios está regida por la buena fe subjetiva y que es una manifestación de la teoría de la apariencia; pretender proteger a nombre del principio de buena fe la representación mental del deudor que cree haber cumplido, desconociendo la exigencia de la buena fe objetiva que impone desplegar un comportamiento efectivo; y apreciar de manera errónea los alcances de la presunción de buena fe; equívocos que llevan a plantear la necesidad de retomar los senderos del derecho romano, en el que el concepto originario de buena fe estuvo siempre atado al deber de comportamiento probo y leal frente a la otra parte en el contrato, es decir, a lo que hoy entendemos como buena fe objetiva y donde la exigencia de buena fe en la posesión del comprador (convicción o creencia) debió ser una utilización particular de la bona fides contractual adaptada en función de la problemática posesoria, que luego se extendería a otras situaciones que se engloban hoy bajo el nombre de la teoría de la apariencia.

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